Han pasado años desde que escribí por última vez. Ahora me siento frente a esta pantalla, con los ojos cansados y un dolor en el cuello que se resiste a desaparecer. No fumo, pero sigo bebiendo como si de un ritual se tratrara. Quedan pocos rituales a los que aferrarse. La vida escurre como la arena del reloj, lenta pero inexorablemente y cada vez todo tiende a ser más trivial. Mientras pienso en esto, mi gata se acerca y demanda cariño. Ronronea un poco mientras acaricio su cuello; Es adulta, en pocos años más estará muerta pero sin duda la recordaré hasta que expire mi vida. El tiempo siempre respira en nuestras espaldas, recordándo lo efímeros que somos. Los rituales y el tiempo serán nuevamente los pensamientos de esta noche. Veo la botella de ginebra vacía, todavía no es tiempo de ir a comprar. Como ejercicio de prueba, me resulta reconfortante volver a dejar palabras en el papel digital. Como ejercicio crítico, pienso en lo que diría Borges si fuera juez en este proceso de escritura. Me reconforta pensar que dentro de la biblioteca de Babel, esto ya fue o será escritura en algún instante del infinito, para que alguien alguna vez puede acceder a este momento. Quizás Proust sería menos severo conmigo.